El concepto de pastel relleno de carnes o quesos tiene raíces en Europa, especialmente en Francia, Italia y España,
donde surgieron como métodos para conservar alimentos y hacer comidas portátiles. En Francia, los "pâtés" y "quiches" eran populares,
destacando el quiche Lorraine con relleno de queso y tocino. En España, las empanadas gallegas,
influenciadas por técnicas árabes, incluían carne,jamón y queso y se extendieron a América Latina,
donde se adaptaron a los ingredientes locales.
Influencia en america latina
En América Latina, la colonización trajo ingredientes y técnicas europeas
como las de las empanadas y pasteles, que fueron adaptados en países como Argentina, Chile y Venezuela
con rellenos de carne, jamón y queso. El pastel de jamón y queso es una versión moderna de esta tradición,
hecha con hojaldre o masa de pan, y destaca por su versatilidad, ideal como aperitivo, desayuno o merienda.
Su mezcla de queso suave y jamón salado lo ha convertido en un clásico de la repostería salada en muchos
países.
Historia de los productos
El jamón, originado en prácticas antiguas de conservación de carne, fue desarrollado por
civilizaciones como la romana y la griega, que salaban y curaban la carne de cerdo. En España e Italia, estas
técnicas se perfeccionaron, dando lugar a variedades icónicas como el jamón serrano y el prosciutto.
Hoy, el jamón es valorado en muchas cocinas por su sabor y versatilidad.
La mozzarella, originaria de Campania, Italia, se elaboraba con leche de búfala en la época medieval
y debe su nombre al verbo italiano mozzare ("cortar"). Popular desde el siglo XVIII, se convirtió en un
ingrediente esencial de la pizza napolitana y, actualmente, es uno de los quesos más consumidos, apreciado
por su suavidad y capacidad de derretirse en platos como pizzas y pastas.
La masa para pasteles tiene su origen en civilizaciones antiguas como la egipcia, que mezclaban harina y agua.
Griegos y romanos expandieron estas técnicas, creando masas más elaboradas. En la Edad Media, se añadieron grasas
como manteca y mantequilla, dando origen a masas quebradas y de hojaldre, refinadas especialmente en Francia.
Con la colonización, estas técnicas llegaron a América Latina y se adaptaron a ingredientes locales, formando
la base de pasteles y empanadas en diversas culturas.